21 jun 2011

Cucaracha (2011), de Carlos Zevallos Bueno

Mi
  primer
        corto.
              Guion, 2008.

         
Yo buscaba una idea sencilla, pero ambiciosa,
que requiriese unos cuantos actores nada más 
y que incorporase 
todas las carencias de producción.

(Yo buscaba no permitirme
       la excusa o coartada del conformismo).


Y, de pronto, escuché una anécdota encantadora y recordé que Heidegger había sentenciado que la pregunta del ser implicaba necesariamente la perspectiva humana, es decir, que no podríamos jamás imaginarnos la percepción del tiempo para otra forma de vida, o si esta forma de vida desarrollaría algún concepto (o la necesidad de algún concepto) analogable al concepto del ser. Y también recordé esta línea de Borges: "Tú, que me lees, ¿en verdad entiendes mi lenguaje?"


Terminé aprendiendo lo obvio, a saber, que la producción no es un arte oculto, sino manifiesto. La neurótica voluntad no alcanza.


El perdón (2006), de Omar Quezada; Reminiscencias (2010), de Juan Daniel Fernández, y, especialmente, la muy honesta y antisocial El epitafio no me importa (2011) —documental, por el momento fuera de circulación, acerca del poeta y crítico de cine Alberto Angulo Chumacero—, son obras audiovisuales limeñas que me han gustado bastante. (A esa lista acabo de sumar El caudillo pardo [2005], de Aldo Salvini). Para mí, es un fenómeno nuevo: yo nunca había visto películas limeñas que me gustaran bastante.

Con todo, fue Detrás del mar (2005), de Raúl del Busto, la primera película hecha en mi vecindario que yo pude ver sin fáciles concesiones. Aunque descreo del cine trascendental, recuerdo haber pensado lo siguiente —mientras apagaba el DVD de La espera de Ryowa (2004)—: "Si ese tal del Busto sostuviese la cámara y editase, mis imágenes tendrían una chance".

En mayo o junio de 2009, lo busqué, dialogamos, me simpatizó, nos despedimos. Un año más tarde, me colé en su fiesta de cumpleaños y le dije: "Por fin conseguí a una actriz, ¿estás disponible?"

Dos semanas más tarde, lo llevé a la locación. Esa misma noche, vio un ensayo casi final, en vivo, y dialogó con la actriz respecto de la importancia de los colores del vestuario, así como de la pertinencia de calzar tacos altos.


Del sonido directo se ocupó, con gran discreción, Cyntia Inamine
Yo no me había dado cuenta de que un piso de madera era tan sonoro.



Grabamos seis horas en continuidad casi perfecta, en el Centro de Lima, en la segunda mitad de mayo de 2010.

Fue MUY divertido.

Lamentablemente, Raúl del Busto sufrió algunos percances de salud, que lo alejaron del proyecto. Busqué otras opciones. Me recomendaron a un editor joven y talentoso, con vena experimental. Decidí bajar las cintas. Por primera vez, confronté las imágenes. Ni siquiera me había asomado a la cámara durante la grabación. Fue muy fuerte. Me llené de dudas: "¿El famoso cine experimental está asociado a la estupidez?" Con total franqueza y buena fe, ese editor joven y talentoso rechazó mi proyecto por baja calidad. 

Depresión.
                 Rebote.

En la que era mi oficina,
de madrugada,
comencé a editar
por mi cuenta.


El súbito desempleo
me alejó del proyecto
ocho meses más.


Pero ya nada importa.

De una u otra manera
las siguientes personas me ayudaron a realizar este corto: 


El poeta y futbolista amateur sanmarquino Daniel Otoya, quien me prestó su amada computadora personal durante cuatro semanas muy intensas (de una intensidad que valoro, pero que nunca más desearía vivir);

La profesora de educación primaria Malisa Cecchet Zimic, quien distrajo buena parte de sus vacaciones a fin de que, en marzo de 2010, yo hiciera mis pinitos como director de actores no profesionales;

La cortometrajista Gisella Barthé, quien me contactó con Malisa Cecchet Zimic;

El videorreportero Gabriel Derteano, quien, una tarde, se escapó de su chamba y me regaló diez vistas fijas de la locación;

Mi amigo Luis Pacora, quien me enseñó los rudimentos del Adobe Premiere 2.0;

Mi amigo José Carlos Vera, quien esperó doce meses una traducción que, me parece, necesitaba con urgencia;

Mi frontal antagonista, el ¿crítico de cine? Mario Castro Cobos, con quien vengo conversando desde hace más de una década
sin visos de alcanzar conclusión alguna;

Y el inclasificable Marco Ramos Saettone, quien, alguna vez, de niño, se rehusó a matar a un saltamontes.

---

Cucaracha (2011)
Actuación: Carla Vallenas, Carlos Zevallos Bueno
Cámara: Raúl del Busto
Sonido directo: Cyntia Inamine
Guion, dirección, producción, edición: Carlos Zevallos Bueno
Duración: 11 minutos
Género: Comedia romántica
Sinopsis: Una mujer entra en una habitación, un hombre entra en una habitacíón, algo los observa.

7 may 2011

Habla el pueblo: "Mi voto es por Homero Simpson"




este es un verdadero programa que vale la pena para el peru pork no abla
la Prensa sino el pueblo peruano la Gente y espesialmente desimos
nuestras ideas ese programa que siga adelante apoyemos mucho no como
las otras basuras que solo bes basura y no valen la pena para el Peru que esta jodido pork solo ay ignorancia

Comentario de "soldadodany", hace dos meses

* * *

Tenemos el privilegio de ser contemporáneos de un fenómeno más allá de todo adjetivo: RBC Televisión, el canal del "Hermanón".

En YouTube, se hallan, desperdigados, varios momentos increíbles que esa empresa de comunicaciones le ha legado a la memoria y cultura de este país. 

Lacan llamó "lo Real" a la zona que se mantenía inaccesible o refractaria a la simbolización, verbigracia, la muerte: intuimos, pero no entendemos. Pues bien, yo diría que Habla el pueblo nos pone frente a frente con lo Real más descarnado: sin esperanza nos asomaremos repetidas veces a estas imágenes; creo que nunca llegaremos a entenderlas.  

Por ejemplo, cuando el conductor dice: "Ya sabemos quién es..."

¿Ha de superarse el YouTube? Así como el Facebook trituró las otras redes sociales, a eso me refiero. Ya quisiera verlo.

"Gracias, Iván, por estar con nosotros..."

3 feb 2011

Acerca de Invasión (1969), de Hugo Santiago

Irala (Martín Adjemián), el poeta cobarde,
intuye la inminente destrucción de su cultura
Copio y traduzco —sin rigor, es cierto, con irresponsable libertad— algunas opiniones europeas, francesas, interesantes, acerca de Invasión (1969), primer largo de Hugo Santiago:


Aquilea es una ciudad estropeada, sin niños, casi sin mujeres, sin grandes avenidas ni plazas, donde los autos se internan entre muros o terrenos imprecisos, sin horizonte. En su etapa crepuscular, Aquilea está sufriendo una invasión. (Reggiani diría que la invaden los lobos). Y, sin embargo, no es una ciudad sitiada que se defienda, que proclame su lucha, señale al adversario y se aferre a la esencia de lo defendido. Aquilea padece una erosión comparable al efecto del mar en un castillo de arena. 

1 feb 2011

Invasión (1969), de Hugo Santiago

El escritor Jorge Luis Borges,
el cineasta Hugo Santiago
No me parece necesario “un padre del cine peruano”. Me ha costado tanto comprender a mi único padre, ¡no deseo revivir esa experiencia nunca más! Ni siquiera me parece necesario “un cine peruano”, ni viejo ni nuevo. Me interesan los individuos o las excepciones. En general, me estorban las nacionalidades. Según recuerdo, el concepto de nación fue una estrategia del poder regio central frente a sus atomizados señores feudales. Toda nación echa mano de su historia y le niega su carácter móvil, contingente; toda nación se presenta, al fin, como un arquetipo digno de ceremonias y congresos. Konrad Lorenz escribió que gran parte de las naciones contemporáneas se basaban en el culto a sus homicidas más prestigiosos (sus héroes). Convengamos en que la madurez pasa por ya no sentirse hijo y por no aceptar, en el mismo paquete, la obligación de ser padre. Es triste cuando Vallejo lamenta que nunca alcancemos la edad de quienes nos procrearon; esas debilidades tiene Vallejo (como bien lo señaló Paz, es la poesía de una víctima de la historia).

Para mí, Invasión lleva el asunto de la identidad por otro lado.

17 ene 2011

Tráiler de La calma (2011), de Fernando Vílchez


Además, a Fernando Vílchez, despeinado, lo acaban de entrevistar para el portal La mula.

He visto el corte final del documental. Me reservo mis opiniones, porque son positivas.  

La calma (2011), de Fernando Vílchez, en la Berlinale

Afiche de La calma (2011),
de Fernando Vílchez
Una magnífica noticia: mi amigo Fernando Vílchez ha sido seleccionado para la competencia oficial de cortometrajes de la Berlinale 2011, que se desarrollará del 10 al 20 de febrero en la capital de Alemania.

Yo tuve el gusto de apoyar con la producción de La calma entre 2008 y 2009.

Se trabajó en condiciones penosas, con gran entusiasmo. Visitamos Pisco alrededor de un año después del terremoto, y la ciudad era un caos pestilente.

Como periodista, Fernando Vílchez ya había visitado la zona para cubrir las primeras horas de la tragedia. Así, se enteró de que un camarógrafo local había grabado el desarrollo del terremoto y, también, en la Plaza de Armas de Pisco, el rescate del joven Jorge Luis Solís, sepultado largos minutos bajo una pared enorme.

El material en bruto era impresionante.

Un año después, Jorge Luis cojea por ese pueblo fantasma, y Fernando Vílchez lo registra. Es la reflexión de un sobreviviente.

Tras haber visto un avance en la página oficial de la Berlinale, se me despertó una optimista felicidad. Pero vamos con calma. Vamos a competir contra Spike Jonze y el teléfono celular del coreano Park Chan-wook.

La noticia es buena sin matices. Esta noche, veré el corto. La calma tiene nacionalidad exclusivamente peruana.

16 ene 2011

Conócete a ti mismo

"Más adelante, en la campaña, volveremos como un huaico sobre las ciudades".
Candidata Keiko Fujimori explica con símil increíblemente preciso el futuro mediato de su estrategia para llegar a Palacio.

Entrevista con Perú.21, 16 de enero de 2011